Home » Blog » Resiliencia en el contexto de la felicidad global

Resiliencia en el contexto de la felicidad global

Desde la aparición del término Resiliencia en la década de los ochenta, en el área de las Ciencias Sociales y en la Educación hasta nuestros días, se ha utilizado el concepto con diferentes énfasis y apuntando a distintos elementos en su delimitación.
Hoy día es fácil distinguir más de una treintena de definiciones, que corresponden a diversos autores, con distintas tradiciones, con tendencias más deterministas algunas, apoyados en la biología del sujeto y tendencias más ambientalistas que subrayan la interacción del sujeto con su entorno.

Dentro de las más conocidas definiciones podemos destacar:

– La resiliencia como un fenómeno que manifiestan sujetos que evolucionan favorablemente, a pesar de haber sufrido alguna forma de estrés o riesgo grave en su historia (Rutter, 1993).
– La resiliencia es una capacidad universal que permite a la persona, grupo o comunidad, disminuir o superar los efectos nocivos de la adversidad (Grotberg, 1995).
– Es un proceso dinámico que tiene como resultado la adaptación positiva en contextos de gran adversidad (Luthard, 2001).
– Ser resiliente significa crecer hacia algo nuevo, no sólo recuperarse. Significa proyectarse sin negar el pasado (Vanistendael, 2002).
– Resiliar es recuperarse, ir hacia delante luego de una enfermedad, trauma o estrés. Es vencer estas pruebas y crisis de la vida, resistiéndolas y superándolas, para seguir viviendo lo mejor posible (Manciaux, 2005).
Pudiéramos seguir el listado de definiciones, abundando en las distinciones que cada autor hace, pero creemos que, lo que puede ser útil es ver las semejanzas entre cada definición propuesta y cuales elementos comparten, a saber:
– Todas las definiciones reconocen que es una capacidad humana, más o menos universal.
– En todas las definiciones está presente la idea de estrés, adversidad o contexto negativo.
– Se comparte el enfrentamiento de aquellas adversidades por parte del sujeto.
– Se obtiene como resultado una adaptación positiva que proporciona una sensación de mayor bienestar en el sujeto.
Quizás lo que conviene recalcar es que existen dos épocas diferentes al conceptualizar a la resiliencia y que de algún modo se refleja en estas definiciones:
– Una primera época caracterizada por el énfasis en la búsqueda de factores protectores o de riesgo, que facilitarían o perjudicarían la aparición de conductas resilientes. Dicha tradición se mantendrá en los autores hasta la primera mitad de la década de los noventa.
– Una segunda época, en donde el concepto de resiliencia es ligado a la identificación de mecanismos dinámicos y procesos que el sujeto construye como una forma de adaptación viable ante un contexto adverso y la idea de proyectarse a partir de dicha adversidad.

El entender el fenómeno de esta forma, nos sugiere que la resiliencia más allá de ser una condición permanente y dependiente de factores externos a la persona, es una construcción propia y que varía según los contextos y los momentos en que ocurre (Saavedra, 2003). En último término el considerarse resiliente o no, será una evaluación interna que hace el sujeto frente a su vida.

Será justamente esta segunda concepción, la que ofrecerá una mirada más constructiva y optimista de la resiliencia, permitiendo una comprensión más dinámica y colectiva de la misma.
Haciendo énfasis entonces en esta mirada más colectiva, es que podemos también establecer una relación con un bienestar social, que implique la perspectiva de la FELICIDAD GLOBAL. Que desde nuestra mirada exige, así como lo identifican algunos de los objetivos del desarrollo sostenible planteados por la ONU: trabajo decente, igualdad de género, producción y consumo responsable, paz y justicia social.

Dr. Eugenio Saavedra Guajardo

Dra. Ana Castro Ríos