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Somos personas y punto.

 

Dianova reivindica acabar con el rechazo que sufren las personas con trastornos de uso de alcohol u otras drogas

El sociólogo Erving Goffman ha definido el estigma como una etiqueta negativa que se le asigna a una persona para juzgarlas y discriminarlas. En el caso de las personas con problemas de adicción a sustancias, este estigma forma parte de su día a día. Dejan de ser personas para pasar a ser solo el “yonki”, la “drogadicta” o el “adicto” y sienten el insulto y el desprecio de su entorno.

Algunas de las personas usuarias de los centros de Dianova España afrontan esta situación como algo habitual en su día a día. Con motivo del Día Internacional contra el Uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas han hablado y han lanzado un mensaje: “El estigma hace daño y te hunde aún más. Somos personas y punto”.

Alberto tiene 44 años y parte de que “todo el mundo pone etiquetas. Si consumes drogas la etiqueta es para mal y notas como tu entorno más inmediato se aleja de ti”. Si ya de por si hay un problema de adicción “esto lo aumenta porque si eres, como es mi caso, una persona que necesita la valoración de los que te rodean, sentir ese rechazo te hunde. Socialmente te sientes acabado”.

Luisa, 51 años, sintió ese estigma en cuanto se quedó sin trabajo y vio como parte de su familia la evitaba. “He tenido la suerte de que mis tres hijos me han apoyado en mi lucha contra la adicción, pero no todos tienen esa suerte. Y que te den la espalda las personas que más quieres duele mucho”, explica.

Toda la ayuda posible

Y es que el estigma es especialmente grave si proviene del entorno más inmediato y esa experiencia la han vivido casi todas las personas entrevistadas: “Si encima eres portador del VIH el estigma es peor. Y en mi casa tenía que oír de todo contra mí, incluso desde mi propio padre”, explica Francisco que a sus 46 años ha visto como ha sufrido rechazo tras rechazo en las entrevistas de trabajo por ser seropositivo.

“Ya llega un momento en el que crees que el estigma lo llevas en la cara”, continúa Alberto. “Vas con miedo a todas partes, desconfías de todo el mundo porque piensas que, aunque digan que te apoyan, después te darán el palo”. Es una sensación que también ha percibido Jean, de 53 años, que pide comprensión: “Una persona que abusa drogas es una persona enferma y necesita toda la ayuda posible”. ¿Y qué les diría Jean a esa sociedad que repudia y estigmatiza? Él lo tiene claro: “Que miren, que piensen antes de rechazar, que analicen por qué hay ese problema de adicción y, sobre todo, que escuchen y que hablen con esa persona”.