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¿Qué sabemos sobre los beneficios médicos de la marihuana?

 

A pesar de que se afirma que el cannabis o sus extractos alivian todo tipo de enfermedades, la investigación ha sido escasa y los resultados, contradictorios. Por el momento, simplemente no sabemos lo suficiente sobre el cannabis y sus componentes como para discernir si sería efectivo como medicamento.

En la actualidad, 25 estados y el Distrito de Columbia cuentan con programas de cannabis con fines medicinales. El 8 de noviembre Arkansas, Florida y Dakota del Norte votarán para aprobar las propuestas del cannabis con fines medicinales, mientras que Montana votará para derogar las limitaciones estipuladas en su legislación vigente.

No tenemos una posición política sobre la legalización del cannabis. Estudiamos la planta de cannabis, también conocida como marihuana, y sus compuestos químicos relacionados. A pesar de que se afirma que el cannabis o sus extractos alivian todo tipo de enfermedades, la investigación ha sido escasa y los resultados, contradictorios. Por el momento, simplemente no sabemos lo suficiente sobre el cannabis y sus componentes como para discernir si sería efectivo como medicamento.

¿Qué sugiere la investigación disponible sobre el cannabis con fines medicinales y por qué sabemos tan poco al respecto?

¿Qué están estudiando los investigadores?

Mientras que algunos investigadores están estudiando el cannabis fumado o inhalado con vaporizadores, la mayoría se está centrando en compuestos específicos de esta sustancia, llamados cannabinoides.

Desde el punto de vista de la investigación, el cannabis es considerado una droga “sucia” porque contiene cientos de compuestos con efectos poco conocidos. Es por eso que los investigadores tienden a enfocarse en un solo cannabinoide a la vez. Solo dos cannabinoides a base de plantas, el THC y el cannabidiol, se han estudiado a fondo. Pero es posible que existan otros con beneficios médicos aún por descubrir.

El THC es el principal componente activo del cannabis. Este activa los receptores cannabinoides en el cerebro, causando el efecto de estar “drogado” asociado con el cannabis, así como en el hígado y otras partes del cuerpo. Los únicos cannabinoides aprobados por la FDA (la Administración de Medicamentos y Alimentos de EE. UU.) que pueden ser prescritos legalmente por los médicos son las drogas similares al THC que se producen en laboratorios. Estos se recetan con el fin de estimular el apetito y prevenir el desgaste causado por el cáncer o el SIDA.

Por otro lado, el cannabidiol (también conocido como CBD) no interactúa con los receptores cannabinoides. Y no causa la sensación de estar drogado. Diecisiete estados han aprobado leyes que permiten a personas con ciertas afecciones médicas el acceso al CDB.

Nuestros cuerpos también producen cannabinoides, llamados endocannabinoides. Los investigadores están creando nuevas drogas que alteran su función para comprender mejor cómo funcionan los receptores de cannabinoides. El objetivo de estos estudios es descubrir tratamientos que usen los propios cannabinoides del cuerpo para tratar afecciones como el dolor crónico y la epilepsia, en lugar de usar el cannabis.

El cannabis se promociona como un tratamiento para muchas afecciones médicas. Echaremos un vistazo a dos, el dolor crónico y la epilepsia, para ilustrar lo que realmente sabemos sobre sus beneficios médicos.

¿Es un tratamiento para aliviar el dolor crónico?

La investigación sugiere que algunas personas con dolor crónico se automedican con cannabis. Sin embargo, la investigación con seres humanos sobre si el cannabis o los cannabinoides efectivamente reducen el dolor crónico, es limitada.

La investigación con personas sugiere que ciertas afecciones, como el dolor crónico causado por una lesión nerviosa, pueden responder al cannabis fumado o vaporizado, al igual que la droga de THC aprobada por la FDA. Sin embargo, la mayoría de estos estudios se basan en autoevaluaciones subjetivas de los niveles de dolor, una limitación significativa. Solo unos pocos ensayos clínicos controlados se han llevado a cabo, por lo que aún no podemos concluir si el cannabis es un tratamiento efectivo contra el dolor.

Un enfoque de investigación alternativo se enfoca en las terapias de combinación de fármacos, en la que un fármaco cannabinoide experimental se combina con un fármaco existente. Por ejemplo, un estudio reciente en ratones combina una dosis baja de un medicamento similar al THC con un medicamento similar a la aspirina. La combinación bloqueó el dolor relacionado con los nervios mejor que cualquiera de los medicamentos individualmente.

En teoría, la ventaja de las terapias combinadas con medicamentos es que se necesita menos cantidad de cada medicamento y se reducen los efectos secundarios. Además, algunas personas pueden responder mejor a un ingrediente del medicamento que a otro, por lo que la combinación de medicamentos puede funcionar para más personas. Aún no se han llevado a cabo estudios similares en personas.

Actualmente hay una gran carencia de estudios de epilepsia bien diseñados

A pesar de algunas noticias sensacionalistas y de la especulación generalizada en Internet, el uso del cannabis para reducir las crisis epilépticas está más respaldado por la investigación en roedores que en personas.

En las personas, la evidencia es mucho menos clara. Hay muchas anécdotas y encuestas sobre los efectos positivos de las flores o extractos de cannabis para tratar la epilepsia. Pero no podemos compararlas con ensayos clínicos bien controlados que pueden decirnos qué tipos de ataques epilépticos, si los hay, responden positivamente a los cannabinoides y nos dan un pronóstico más certero sobre cómo responden la mayoría de las personas.

Mientras que el CBD ha ganado interés como un tratamiento potencial para los ataques epilépticos en personas, se desconoce el vínculo fisiológico entre los dos. Al igual que con el dolor crónico, los pocos estudios clínicos que se han realizado incluyeron a muy pocos pacientes. Los estudios con muestras grandes de personas nos pueden revelar si son solo algunos los pacientes que responden de forma positiva al CBD.

Asimismo, necesitamos saber más sobre los receptores de cannabinoides en el cerebro y el cuerpo, qué sistemas regulan y cómo podrían ser influenciados por el CBD. Por ejemplo, el CBD puede interactuar con medicamentos antiepilépticos en formas que aún estamos aprendiendo. También puede tener diferentes efectos en un cerebro en desarrollo que en un cerebro adulto. Hay que tener especial cuidado a la hora de medicar a niños con productos de cannabis o CBD.

La investigación sobre el cannabis es difícil

Para nosotros, los estudios bien diseñados son la forma más efectiva para entender qué beneficios médicos puede tener el cannabis. Pero la investigación sobre el cannabis o los cannabinoides es particularmente compleja.

El cannabis y sus compuestos relacionados, el THC y el CBD (al igual que el éxtasis y la heroína), están incluidos en la Planificación 1 de la Ley de Sustancias Controladas, que se refiere a drogas con “un alto potencial para el abuso y no está actualmente aceptada para el uso médico

Con el propósito de estudiar el cannabis, un investigador debe, en primer lugar, solicitar permiso a nivel estatal y federal. Esto va seguido por un largo proceso de revisión federal que involucra inspecciones para garantizar una alta seguridad y el mantenimiento detallado de registros.

En nuestros laboratorios, incluso las pequeñas cantidades de cannabinoides que utilizamos para realizar investigaciones en ratones se analizan minuciosamente. Esta carga regulatoria desalienta a muchos investigadores.

Diseñar estudios también puede ser un desafío. Muchos se basan en lo que los usuarios recuerdan sobre sus síntomas y en la cantidad de cannabis que usan. La parcialidad es una limitación para cualquier estudio que incluye reportes individuales. Además, los estudios de laboratorio generalmente incluyen a usuarios que van de moderados a intensos, que probablemente hayan desarrollado cierta tolerancia a los efectos de la marihuana y que no reflejan a la población en general. Estos estudios también están limitados por el uso de cannabis puro, que contiene muchos cannabinoides, la mayoría de los cuales son poco conocidos.

Los ensayos con placebo pueden ser un desafío porque la euforia asociada con el cannabis hace que sea fácil de identificar, especialmente con altas dosis de THC. Las personas saben cuándo están drogadas.

Otro tipo de parcialidad llamado sesgo representa un problema particular con la investigación del cannabis. Lo que significa que tendemos a experimentar lo que esperamos, en base a nuestro conocimiento previo. Por ejemplo, las personas dicen que se sienten más alertas después de beber un café que se les ha dicho es normal, incluso cuando en realidad se trata de un café descafeinado. Del mismo modo, los participantes de la investigación pueden presentar alivio del dolor después de ingerir cannabis, porque creen que el cannabis alivia el dolor.

La mejor manera de superar los efectos del sesgo es con un placebo equilibrado un diseño en el que se les dice a los participantes que están tomando un placebo o una dosis variable de cannabis, independientemente de lo que realmente reciben.

Los estudios también deben incluir medidas biológicas objetivas, como los niveles sanguíneos de THC o CBD, o las medidas fisiológicas y sensoriales que se utilizan habitualmente en otras áreas de la investigación biomédica. Por el momento, pocos lo hacen, dando prioridad a las medidas de reporte personal.

El cannabis no está exento de riesgos

El abuso potencial es una preocupación con cualquier droga que afecte el cerebro y los cannabinoides no son una excepción. El cannabis es similar al tabaco, ya que para algunas personas es muy difícil dejarlo. Y, como el tabaco, el cannabis es un producto natural que ha sido cultivado selectivamente para tener fuertes efectos en el cerebro y no está exento de riesgos.

Aunque muchos usuarios de cannabis pueden dejar de consumir esta droga sin problemas, de 2 a 6 por ciento de usuarios tienen dificultad para dejar de fumarlo. El uso repetido, a pesar del deseo de disminuir o dejar de consumir, se conoce como trastorno por consumo de cannabis.

A medida que aumenta el número de estados que aprueban leyes permitiendo el uso médico o recreativo de cannabis, es probable que aumente el número de personas con algún grado de trastorno por el consumo de esta sustancia.

Es demasiado pronto para decir con certeza que los beneficios potenciales del cannabis superan los riesgos. Sin embargo, con las restricciones al cannabis (y el cannabidiol) cada día más suaves estatalmente, la investigación se hace muy necesaria para poner los datos en orden.

Steven Kinsey, Profesor Asistente de Psicología, West Virginia University y Divya Ramesh, Investigadora Asociada, University of Connecticut