Mujeres y adicción: una cuestión de derechos humanos

En la 42ª sesión del Consejo de Derechos Humanos de Ginebra en septiembre de 2019, Dianova debatió sobre cómo las diferencias de género en las adicciones afectan a la mujer.

Por Federica Bertacchini: «Las mujeres componen un tercio de las personas que consumen drogas en el mundo y un quinto del número global estimado de personas que se inyectan drogas». Así es como Jennifer Hasselgård-Rowe, de la Plataforma de Ginebra sobre Derechos Humanos, Salud y Sustancias Psicoactivas, comenzó su presentación sobre «Violación de los derechos humanos de mujeres que consumen drogas». A pesar del porcentaje sorprendente de mujeres que consumen drogas, solo una quinta parte de las personas que se encuentran en tratamiento antidroga son, en verdad, mujeres[1].

En una actividad paralela a la 42ª Sesión del Consejo de Derechos Humanos, un comité de expertos de las Naciones Unidas, la sociedad civil y la academia se reunieron el 18 de septiembre de 2019 para indagar sobre mujeres y adicción. El evento fue organizado en forma conjunta por WUNRN y moderado por su directora general, la Dra. Lois A. Herman. El evento tuvo lugar en el Palacio de las Naciones de Ginebra, donde cuatro mujeres involucradas en investigación, formulación de políticas, aplicación y defensa de proyectos se reunieron para debatir un tema que ya no es nuevo, pero que aún se ignora y no recibe la financiación suficiente: las relaciones multidimensionales entre mujeres y adicción.

La Dra. Lois A. Herman de WUNRN presentó una declaración escrita del Dr. Kamran Niaz —un veterano epidemiólogo que trabaja para la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito— que puso de relieve las principales diferencias de género en los patrones de consumo de drogas y trastornos mentales, y sentó así las base para las conversaciones. Los hombres parecen tener preferencia por el cannabis, la cocaína y los opiáceos, mientras que el uso no médico de opioides y tranquilizantes está más o menos al mismo nivel en los dos géneros. Muy a menudo víctimas de abandono y abuso físico y sexual desde la infancia, las mujeres que consumen drogas tienen una incidencia de trastorno de estrés postraumático más elevado que en los hombres. Lo mismo sucede con la depresión y la ansiedad en general.

Con las disposiciones expuestas en la Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW, por sus siglas en inglés) de 1979 (en particular, en el Artículo 12) que proclaman que todas las mujeres deben tener el mismo acceso a los servicios de salud que los hombres —como mencionó Jennifer Hasselgård-Rowe en su presentación—, uno esperaría que las mujeres y los hombres tuviesen el mismo acceso a los tratamientos y los medicamentos. Sin embargo, como expuso el Dr. Karman, las mujeres todavía se topan con barreras sistémicas, estructurales, socio-culturales y personales en el acceso a los tratamientos contra el abuso de sustancias.

Si tales barreras están afectando y, al mismo tiempo, están siendo generadas por los determinantes básicos de la salud, parece, claramente, que estamos ante un problema de derechos humanos. O, mejor dicho, ante unas violaciones del derecho de las mujeres a la salud.

 

Todos nosotros hemos comentado, durante nuestras respectivas presentaciones, que las mujeres, por lo general, no se atreven a alzar la voz para hablar del abuso de sustancias ni para buscar tratamiento ni ayuda porque tienen miedo de las consecuencias, la estigmatización y, con mayor frecuencia, de perder la custodia de sus hijos. Generalmente, los centros de tratamiento y los programas no están enfocados hacia las necesidades específicas de la mujer ni sus vidas. Las muchas desigualdades de género y la barrera en el acceso a los cuidados sanitarios también afectan a las mujeres que están en prisión, especialmente a aquellas (un 35 % del total de mujeres encarceladas, comparado con el 19 % del total de hombres) que cumplen condenas relacionadas con las drogas. Incluso en lo que respecta a los servicios de rehabilitación y reintegración, menos mujeres reciben el apoyo necesario (comparado con los hombres); una vez en libertad, tienen que enfrentarse a una discriminación y una estigmatización adicional.

Y la estampa se vuelve todavía más oscura al tener en cuenta los datos presentados por la Dra. Lori Ann Post, directora del Instituto de Medicina y Salud Pública (IPHAM, por sus siglas en inglés) del Centro Buehler de Política de la Salud y Economía, sobre la situación de los trastornos por uso de opioides en los Estados Unidos. Un nuevo estudio reveló recientemente que la tasa de muerte por sobredosis es 3.5 veces más alta comparada con otros 17 países con rentas altas. Mencionó que «tantos estadounidenses han muerto por sobredosis de opioides, que la esperanza de vida ha disminuido por primera vez desde la Primera Guerra Mundial y la epidemia de gripe española de hace cien años». Ya que la mujeres están más expuestas a la depresión, a la ansiedad y al abuso que los hombres, tienen más posibilidades que ellos de que se les recete y de que utilicen analgésicos opioides, y también tienen más posibilidades que los hombres de morir a causa de opioides recetados.

Si el consumo de drogas y las tendencias depresivas están relacionadas con el género, la prevención y el tratamiento también deberían replantearse desde una perspectiva de género.

 

Es imprescindible que las mujeres reciban tratamiento por depresión y ansiedad, así como protección contra relaciones violentas. Según las investigaciones de la doctora Post, es probable que la violencia tenga dos caminos correlacionados con la adicción. En primer lugar, las mujeres con adicciones son más propensas a entrar en relaciones violentas, y, en segundo lugar, las mujeres en relaciones violentas son más propensas a autosedarse como método de aguante. Por lo tanto, es absolutamente crucial que «tanto los profesionales como los investigadores entiendan que existen vías de sexo (biológicas) y de género (sociales) separadas hacia la adicción y la recuperación». Como destaca también el Objetivo de Desarrollo Sostenible n.º 5 dirigido a cómo conseguir igualdad de género y empoderamiento de todas las mujeres y niñas, los datos sobre la salud (y en este caso la información médica relacionada con el uso de drogas y salud mental) debe ser comunicados según sexo y género para que las estrategias de tratamiento y prevención específicas de género estén disponibles para todos los usuarios de manera igualitaria.

De la misma manera, es esencial que las políticas sanitarias se interpreten siguiendo un enfoque basado en los derechos humanos, como recomienda el último informe del Relator Especial de las Naciones Unidas sobre el derecho de toda persona a disfrutar del nivel más alto posible de salud física y mental publicado en abril de este año. Al presionar a los Estados para que apliquen a las políticas sanitarias un enfoque basado en los derechos, el Relator tiene la intención de fortalecer «el argumento de actuar según factores determinantes de la salud para promover el bienestar de todos». Esto incluye, no sólo centrarse en eliminar las desigualdades y garantizar la igualdad de oportunidades y resultados, sino también, en los grupos más marginados y en la sociedad en conjunto, eliminar lo que él denomina como los «factores de riesgo clave» que ponen a ciertos grupos en una posición vulnerable. Entre estos los factores de riesgo, menciona la criminalización de ciertas conductas como el consumo de drogas y la discriminación hacia ciertas poblaciones, como jóvenes y mujeres.

Como se destaca también en la presentación de Hasselgård-Rowe, poner fin a la criminalización de las personas que consumen drogas y su inclusión en todas las etapas de los procesos de toma de decisiones, es un paso crítico hacia el fin del estigma, especialmente para aquellas mujeres que las usan. Demasiadas barreras siguen impidiendo que las mujeres accedan a servicios adecuados de prevención, tratamiento y recuperación. No disponen de suficientes lugares para ellas en los centros de tratamiento; las actividades y las sesiones de terapia no están diseñadas para satisfacer sus necesidades y el personal a menudo no es consciente ni está capacitado en cuestiones específicas de género y, sin darse cuenta, pueden perpetuar estereotipos, abusos y desigualdades.

Sólo si se replantean las políticas de criminalización y prevención, así como los programas y servicios de tratamiento de adicciones, considerando a cada persona bajo una perspectiva holística que englobe sus relaciones sociales y sus interconexiones en la sociedad, es decir, aplicando la óptica de los derechos humanos para ver cómo se coordina el sistema de salud, se puede cerrar la brecha de género y puede obtenerse un empoderamiento humano real en el ámbito de la adicción. No hace falta decir que este cambio requiere de la colaboración y la participación de todas las partes interesadas en el sector, incluidos los grupos marginados; al igual que, se debe contar con una representación masculina y femenina igualitaria de consumidores de drogas. De la misma forma, este cambio supondría un gran paso hacia la obtención del derecho a la salud tal como fue definido por la OMS en la constitución de 1946: «disponible, accesible, aceptable y de buena calidad».

Consejo de Derechos Humanos sesión 42. Mesa redonda sobre: Mujeres & Adicción.
18 de septiembre de 2019 – 13:30 – 14:30, Sala VIII
Palacio de las Naciones de la ONU, Ginebra (Suiza).

Componentes de la mesa redonda:

Kamran Niaz: epidemiólogo en la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito.
Federica Bertacchini: coordinadora de proyectos internacionales en Dianova International.
Jennifer Hasselgård-Rowe: coordinadora ejecutiva de la Plataforma de Ginebra sobre Derechos Humanos, Salud y Sustancias Psicoactivas.
Lori A. Post: investigadora sobre adicciones en la Escuela de Medicina de la Universidad Northwestern.
Moderadora: Lois A. Herman: directora general de WUNRN (Women’s UN Report Network)
Ficha informativa del último informe del Relator Especial de las Naciones Unidas sobre el derecho de toda persona a disfrutar del nivel más alto posible de salud física y mental:

https://cdn1.sph.harvard.edu/wp-content/uploads/sites/2469/2019/06/fact-sheet-mental-health-promotion.pdf