«

»

Los niños: víctimas de la violencia contra la mujer.

Cada año, 275 millones de menores en todo el mundo son víctimas y testigos de las agresiones y abusos hacia sus madres. Estrés, retraso del crecimiento, trastornos alimentarios, y hasta consumo de drogas y suicidio, entre otros, puede ocasionar en los menores el maltrato doméstico

– “¡Papá, ya no golpees a mi mamá!”. “¡No, déjala, es mi mamá!”. “¡Suéltala, no la mates!” No son frases inventadas. Son gritos desesperados de millones de niños testigos de la violencia ejercida contra sus madres al interior del hogar. Y no sólo son testigos, sino también víctimas, que desde temprana edad deben cargar con las consecuencias físicas, psicológicas y sociales.

Cada año, entre 133 millones y 275 millones de menores en todo el mundo sufren por culpa de la violencia doméstica, de acuerdo al informe mundial “La violencia contra los niños y niñas”, redactado para Naciones Unidas por el experto independiente Paulo Sérgio Pinheiro.

Este rango, sin embargo, es una estimación conservadora si se compara con la de UNICEF, que en su último estudio hizo un énfasis: 300 millones de niños entre dos y cuatro años sufren castigos en el hogar. De esta abrumadora cifra, 176 millones viven con una madre que es víctima de violencia de pareja.

Y es que a menudo las agresiones y abusos contra la mujer en el ámbito familiar derivan en maltrato hacia los niños, y suelen ser los causantes de sus muertes. Sólo en España, en lo que va del año han sido asesinados ocho niños a manos de sus padres, la gran mayoría por venganza hacia sus madres (violencia vicaria), según datos del Observatorio Estatal de Violencia sobre la Mujer de ese país.

Este dato contrasta fuertemente con el registro de 2016, que contabilizó un menor muerto. Y mientras eso ocurría en España, ese mismo año en Francia el número de niños asesinados por sus padres llegó a 25 menores.

En otros países como Australia, específicamente Nueva Gales del Sur, 65 niños perdieron la vida entre 2000 y 2014, según un estudio Tribunal Forense de ese estado del país oceánico.

Estos antecedentes son producto de una epidemia silenciosa, que no distingue religiones, razas, estrato social ni geografía. Es así como en Afganistán, más de la mitad de los niños menores de 5 años viven con una madre víctima de agresiones en la pareja; en Reino Unido, cada año 750.000 menores de edad son testigos de abuso doméstico; en Israel, 500.000 infantes están expuestos a la violencia en sus hogares, con apenas 2.000 casos son reportados, y en Estados Unidos, 10 millones de niños viven con un padre maltratador.

Marcados para toda la vida

Las pesadillas recurrentes sobre un momento traumático tales como los golpes recibidos o la muerte de la madre en frente de ellos son los efectos inmediatos en la vida de un niño violentado. Sin embargo, las situaciones de abusos y agresiones reiteradas —señalan estudios— pueden provocar la perturbación del sistema nervioso e inmunológico y tener como consecuencia limitaciones sociales, emocionales y cognitivas, además de causar problemas gastrointestinales, alergias, estrés, retraso del crecimiento y en el lenguaje.

Sin embargo, es necesario hacer una distinción por grupos de edad. Los menores de 5 años —que sienten ser los responsables de los conflictos entre sus padres— son el grupo más vulnerable y, además de presentar alteraciones del sueño, también pueden mostrar trastornos alimentarios, llanto incontrolable, tristeza, estancamiento del peso y problemas para controlar esfínteres.

Por su parte, los niños de entre 6 y 12 años pueden sufrir depresión, disminución su autoestima, ansiedad, aislamiento y bajo rendimiento escolar.

Los niños también pueden experimentar déficit atencional y de concentración y aquellos en edad adolescente tienen mayores probabilidades de consumir drogas, bebidas alcohólicas, cometer suicidio y delitos. En todos los grupos se presentan actitudes agresivas, lo que pone el grito de alerta ya que estas conductas pueden transmitirse por generaciones.

¿En qué hogares se produce violencia doméstica?

La violencia en el hogar se da en todas las capas sociales y económicas. Sin embargo, los más propensos son los entornos con bajos niveles de educación de los padres, con falta de ingresos y hacinamiento. “Los progenitores violentos tienen mayor probabilidad de ser jóvenes, solteros y pobres. Es probable que estas asociaciones estén relacionadas con el estrés causado por la pobreza, el desempleo y el aislamiento social”, explica el informe “La violencia contra los niños y niñas”.

Estudios también muestran que hay factores como la edad de la madre —cuanto más joven es más probable que se convierta en víctima—, el exceso de alcohol y sustancias. En Canadá, por ejemplo, expertos detectaron que las mujeres, cuyas parejas abusan del alcohol, tenían cinco veces más probabilidades de ser atacadas por sus cónyuges que aquellas que vivían con personas que no bebían.

Voluntad y trabajo, las claves para crear un futuro más favorable

Con estos datos en manos, para todas las sociedades y Estados del mundo debe ser un imperativo poner término a la violencia contra las mujeres y niños. Para lograrlo se requiere de la voluntad al más alto nivel y de la creación de alianzas estratégicas, tales como la Agenda 2030, compromiso adquirido por los 193 miembros de la ONU y que entre sus múltiples metas tiene la de mejorar políticas de infancia que contribuyan a elevar su calidad de vida. En ese punto, cuidar de la salud mental de los infantes surge como una de las obligaciones relevantes en el camino hacia la concreción de la Agenda de Desarrollo Sostenible. Sin embargo, los niños —hijos de una madre agredida— tienen una alta probabilidad de sufrir trastornos conductuales y emocionales, problemas que pueden derivar en actos de violencia en fases posteriores de sus vidas, siendo adultos maltratadores o sumisos ante los abusos.

Depende de todos cambiar ese oscuro futuro.

Por Ignacio Torres.