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Llevar a las niñas y a las mujeres de las zonas rurales al centro

Abordar las necesidades de las mujeres y niñas de las zonas rurales es una condición esencial para nuestra economía global y mundial.

Es esencial abordar los problemas de las mujeres de las zonas rurales porque son las que más sufren los principales inconvenientes de la desigualdad de género: el abuso, el matrimonio precoz, la mutilación genital femenina (MGF), la falta de educación y la carencia de propiedad sobre la tierra. Las prácticas tradicionales arraigadas persisten en las comunidades rurales a pesar de que las leyes están en su contra. Las mujeres de las zonas rurales no tienen acceso a las ventajas que a menudo disfrutan las mujeres de las zonas urbanas, incluso en países en desarrollo. Por lo tanto, el tema de los derechos humanos para las mujeres de las zonas rurales es de especial relevancia. Además, estas mujeres desempeñan un papel importante en sus comunidades, pero no disfrutan de los privilegios que se les otorga a los hombres.

La violencia de género prevalece en las comunidades rurales porque se encuentra arraigada en la cultura y está menos sometida a las leyes y a las políticas nacionales. Prácticas como la MGF y el matrimonio infantil, que han sido ilegalizados en más de dos docenas de países africanos, se siguen practicando en zonas rurales porque las actitudes no han cambiado y se encuentran más aisladas.

Esto no solo requiere un proceso legal, sino también, un proceso de sensibilización de las mujeres y de sus comunidades a los problemas relacionados con los derechos humanos, así como combatir las creencias y tradiciones arraigadas que son perjudiciales para ellas. “Hay leyes, pero nadie hace uso de la ley”, afirmó Yasmeen Hassan, Directora Ejecutiva de Igualdad Ya, en un evento durante la última Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer (CSW62, por sus siglas en inglés). Educar sobre estas leyes a los jueces y a la policía local, además de a la población, es primordial. Para hacerlas cumplir, adopta el enfoque de “pleito estratégico” en las zonas rurales, entablando acciones judiciales para concienciar a la comunidad sobre las leyes.

En una nota complementaria, Nice Leng’ete, una trabajadora de AMREF en Kenia, manifestó “Las leyes no son suficientes”. Necesitamos un acercamiento “holístico” ante las creencias arraigadas y las actitudes locales. Las niñas y las mujeres de las zonas rurales no tienen la oportunidad de recibir una educación debido a las grandes distancias que existen para llegar a la escuela y a las barreras culturales; por ello, es necesario abordar esta cuestión en las comunidades rurales proporcionando más escuelas y mejor infraestructura y transporte.

Las mujeres de las zonas rurales son las protagonistas fundamentales en la vida de estas comunidades. Por ejemplo, suelen ser las campesinas que proporcionan el alimento a la comunidad. Sin embargo, en muchos lugares todavía no pueden poseer tierras ni tener control sobre sus vidas. Los hombres siguen controlando el dinero y los recursos. Las mujeres de las zonas rurales no tienen la oportunidad de ganar confianza para expresarse en sus propias comunidades debido a los estereotipos de género. Desafiar a estos agentes implica hacerse oír en foros como el CSW, por ejemplo. “Comprender el mecanismo de su propia voz, significa poseerla y poder llevar a cabo los cambios necesarios. Se logra un mayor control”, afirmó el Dr. Osnes, miembro de la organización consultora denominada Speak.World.

Al dar a conocer a las mujeres de las zonas rurales, estamos abordando un activo clave para nuestra economía global y mundial. Ellas se merecen la concienciación y la protección que sus países no han podido proporcionarles. Tras la 62a Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer, una cosa queda clara: las mujeres de las zonas rurales son unas de las mujeres más fuertes y trabajadoras del mundo y tiene un derecho por el que luchar.