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Las mujeres y la salud mental

Las enfermedades mentales son un grave problema mundial que requiere más atención, investigación, financiación a nivel estatal y un enfoque de tratamiento holístico, como se discutió en la CSW62. Es crucial considerar la salud mental como un derecho humano básico y crear iniciativas para que esté disponible a nivel comunitario y que sea accesible para todos, según los miembros de los dos grupos patrocinados por la World Federation for Mental Health y el NGO Committee on Mental Health, que tuvo lugar en la CSW62.

En algún momento, todo el mundo ha tenido algún problema mental o psicológico. Hay manifestaciones psicológicas si una persona se pone enferma, tiene un accidente o tiene dificultades económicas. Hay una serie de problemas con los que se tiene que lidiar que fomentan el aislamiento, dice la Dr. Fiona Adshead, Representante CEO y directora de estrategia y asociaciones para la Alianza NCD. La capacidad para hacer frente a los factores estresantes a menudo requiere ayuda profesional, pero solo alrededor del 7% de los presupuestos gubernamentales en los Estados Unidos se destinan a iniciativas de salud mental. Este porcentaje es mucho más bajo en los países en vías de desarrollo. Muchas mujeres en países en desarrollo, frente a la pobreza, el matrimonio infantil, la violencia de género y la escasa sanidad materna, se enfrentan a un alto riesgo de padecer enfermedades mentales, aunque generalmente no hay apoyo psicológico disponible. En países en vías de desarrollo, entre el 76% y el 99% de la población no tiene acceso a tal apoyo. Incluso en países donde hay un número considerable de profesionales de la salud mental tienden a concentrarse en ciudades grandes, haciendo a la población rural más vulnerable.

Un enfoque completo y holístico de la salud mental en las mujeres
Las enfermedades mentales están directamente vinculadas a la pobreza y a temas de género como el matrimonio infantil, un bajo estatus social, la falta de educación y el abuso físico. Un 85% de la población pobre en el mundo vive en comunidades rurales y la mayoría son mujeres. Pero la población de mujeres en zonas rurales es el segmento menos investigado de la población mundial, dijo Saionara König-Reis, representante de la ONU y directora de la oficina de Nueva York de Dianova International. Sus necesidades requieren mayor estudio ya que las mujeres en zonas rurales no conforman un grupo homogéneo, sino que varían de una comunidad a otra. Sus experiencias de vida son múltiples y los matices son muy importantes.

A nivel mundial, un tercio de todas las mujeres son víctimas de abuso. En la China rural, el abuso es un factor fundamental en el suicidio de mujeres. Las mujeres tienen el doble de probabilidades de deprimirse que los hombres y particularmente las víctimas de violación. Las víctimas jóvenes de violación pueden sufrir graves problemas mentales y necesitan recibir apoyo de servicios profesionales a nivel comunitario. A menudo estas niñas son maltratadas. En Libia, por ejemplo, las niñas que son violadas y se quedan embarazadas son ingresadas en instituciones mentales en las que, a menudo, el cuidado es escaso, según Henia Dakkak, asesora del fondo de población de la ONU.

Pero el remedio debe de ser holístico, dijo Nancy Wallace, representante principal de la ONU dentro de la Federación Mundial para la Salud Mental. El tratamiento de las enfermedades mentales debe abordar las condiciones familiares, la pobreza, el acceso a oportunidades económicas, o el abuso, que se encuentran en el núcleo. Habló sobre el reciente informe del ponente especial de la ONU sobre el derecho de toda persona de disfrutar del más alto nivel alcanzable de salud física y mental, lo que posiciona a la salud como un concepto amplio y holístico, incluyendo a la salud física y mental y el cual debe ser integrado a los ODS. Destacó también el hecho de que no todos los modelos funcionan en todas las situaciones. Cada comunidad es diferente y las enfermedades mentales también son frecuentes en los países desarrollados y cada situación requiere una estrategia especializada.

Por lo tanto, es crucial tener asociaciones establecidas, particularmente cuando se trata del estigma social relacionado a las enfermedades mentales. La tecnología móvil, por ejemplo, ha creado prometedoras posibilidades, explicó la Sra. König-Reis, a través de iniciativas que pueden asesorar a los trabajadores de salud y médicos de atención primaria sobre el diagnóstico y el trato hacia pacientes con enfermedades mentales.

La Agenda 2030 ha abordado el tema de las enfermedades mentales en ODS 3, que exige la “prevención y tratamiento de las enfermedades no transmisibles, incluyendo trastornos de conducta, de desarrollo y neurológicos que constituyen un reto importante para el desarrollo sostenible”. Sin embargo, a menudo los profesionales en el ámbito no tienen el suficiente conocimiento de la agenda internacional relacionada con los servicios de salud como un derecho humano, dijo la Sra. König-Reis. Además, no ha habido la suficiente atención dentro de las Naciones Unidas, aunque recientemente los defensores han incorporado la salud mental en los ODS, con la adición del ODS 3.4 que incluye hoy la salud mental en la agenda internacional y presenta nuevas oportunidades para el cambio.

Por Kaitlin Drape –