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La escuela, un lugar de violencia y de prevención de la violencia.

 

Cada año 246 millones de niños son víctimas de la violencia en la escuela o cerca de la escuela, y las niñas son sus principales víctimas
Existe evidencia de que la educación de las mujeres y de las niñas ejerce un impacto positivo en el desarrollo económico, social, cultural y sanitario, especialmente en los países en desarrollo. Las mujeres educadas están mejor equipadas para participar en las decisiones de la familia y en la vida de la comunidad, y están más preparadas para proteger su salud y la de sus familiares.

La educación de las niñas también tiene un efecto multiplicador. Educar a una niña es ayudarla a que, cuando sea adulta, ella misma dé más importancia a la educación de sus propios hijos. La educación de las niñas beneficia a toda la sociedad. A la misma niña, a su familia y a las generaciones venideras, a la comunidad a la que pertenece, e incluso a todo el país, que se verá favorecido por el aumento en términos de puntos de crecimiento y la reducción de la mortalidad infantil y de la pobreza extrema.
En resumen, la educación de las niñas es esencial para el desarrollo de sus capacidades y de sus aspiraciones; es, además, la condición sine qua non para lograr su autonomía. Por esta razón, se considera que invertir en la educación de las niñas es una de las estrategias más inclusivas para el desarrollo humano.

Sin embargo, todavía existen muchas barreras para la educación de las niñas, como los costes educativos, las normas culturales y los roles de género (por ejemplo, el que normalmente se asigna a las niñas de ayudar con la cocina y las tareas del hogar), los matrimonios y la maternidad precoces —responsables del 15% al 30% de los casos de mujeres que abandonan la enseñanza secundaria— e, incluso, la violencia que sufren en la escuela.
La violencia de género en las escuelas
Gracias a los esfuerzos de las Naciones Unidas, principalmente a través del programa Educación para Todos, nunca antes hubo tantas niñas inscritas en la escuela como en la última década. En la actualidad, la comunidad internacional renueva su compromiso con el programa Educación 2030, y se estima que cada vez más niñas se inscribirán en los próximos años. Sin embargo, no es suficiente que ingresen en la escuela, ¡además tienen que permanecer allí! Uno de los mayores desafíos que enfrentan las escolares es la violencia que sufren en la escuela.

Plan International define la violencia de género en las escuelas como «todo acto de violencia sexual, física o psicológica contra los niños en la escuela o cerca de la escuela, debido a los estereotipos y roles o normas que se les atribuyen o que se espera de ellos a causa de su sexo o de su identidad de género». Este tipo de violencia afecta a cientos de millones de niños.
Se trata de un fenómeno común a todos los países del mundo, independientemente de su situación social, cultural o económica.

El problema y su magnitud
La violencia de género en el entorno escolar representa una grave violación de los derechos de los niños, incluyendo el derecho fundamental a la protección contra todas las formas de violencia, incluida la que se ejerce en las escuelas. Esta violencia puede tener graves consecuencias para su salud física (trastornos de la alimentación, abuso de sustancias, lesiones, embarazos no deseados, infecciones de transmisión sexual, etc.), para su salud mental (ansiedad, depresión, autolesión, estrés postraumático, etc.) y para su futuro en la escuela (notas bajas, incapacidad para concentrarse, deserción escolar).
Por desgracia, es un problema casi universal del que las niñas son las primeras víctimas. Según Plan International, las escolares de todas las edades sufren, en muchas ocasiones, el acoso escolar o el abuso sexual, la discriminación por razones de género, la intimidación física y psicológica, e incluso la violación. Muchas informan haber sido humilladas públicamente por funcionarios de la escuela, simplemente por su condición de niñas.
Las adolescentes informan que algunas escuelas no cuentan con baños adaptados a sus necesidades, por lo que muchas prefieren no asistir a clases durante su ciclo menstrual. Todas estas formas de violencia ocurren sobre todo en los países donde la educación de las niñas se ve con malos ojos, y los abusadores pueden ser tanto compañeros de clase como maestros u otras figuras de autoridad. Además, la violencia no se limita al interior del establecimiento, también ocurre de camino a la escuela o durante las actividades extracurriculares.

 

Según el estudio «Hear Our Voices» (Escuchad nuestras voces, en español) realizado por Plan International, de 7000 jóvenes interrogados sobre su percepción de la igualdad, muchos dicen temer por su seguridad en la escuela y fuera de ella, mientras que más de una cuarta parte de las niñas dicen sentirse seguras «rara vez» o «nunca» durante el camino a la escuela. De los 246 millones de niños que cada año sufren acoso o son víctimas de otros tipos de violencia en la escuela o en su entorno, las niñas son, con mucho, las más vulnerables.
Lamentablemente, este tipo de violencia sigue siendo mal comprendida, poco denunciada y rara vez combatida. La falta de estudios disponibles se debe, en parte, a las diferencias socioculturales y a una clasificación de la violencia que no toma suficientemente en cuenta la dimensión de género. Por ejemplo, se estima, en general, que el «bullying» (acoso) es neutral, porque afecta tanto a los niños como a las niñas. Sin embargo, muchos casos de este tipo de acoso son parte de una violencia de género que tiene sus raíces en el contexto social e institucional, más que en desviaciones o patologías individuales.
Por eso, aún no se conoce la verdadera magnitud del problema de la violencia de género en las escuelas. No obstante, la información disponible y la cantidad de incidentes denunciados hasta la fecha revelan que es urgente actuar. De acuerdo al informe de UNICEF «Hidden in Plain Sight» (Escondida a plena vista), hay varias formas de abuso muy extendidas en las escuelas, como el acoso o «bullying», que afecta a uno de cada tres estudiantes de 13 a 15 años, el acoso sexual; el castigo corporal; el acoso cibernético, y los diferentes tipos de acoso homofóbico.

 

La escuela, un lugar de prevención de la violencia
La educación es un componente esencial del desarrollo social, emocional y psicológico de los jóvenes. Como tal, la propia escuela es la institución que tiene el mayor potencial para conducir a las personas por el camino de la autonomía, promover la igualdad de género y prevenir la violencia contra las mujeres y las niñas. Pero, para ello, es necesario contar con un buen contenido educativo y poder enseñarlo adecuadamente. Podemos mencionar, por ejemplo, la educación sexual integral —con un método de enseñanza inclusiva que no estigmatiza y promueve la igualdad de género y los derechos fundamentales— que parece jugar un papel clave contra la violencia sexual y basada en el género, según el informe «We Want to Learn About Good Love» (Queremos aprender acerca del buen amor) publicado por Plan International Reino Unido y destacado por la UNESCO.
Estos contenidos deben ser los agentes de cambio del comportamiento individual y las normas sociales en torno a la violencia y la igualdad de género. Deben coincidir en su objetivo de animar a los estudiantes a cuestionar y a superar la violencia y la discriminación de género. De esta manera, los jóvenes deberán ser capaces de identificar en qué consiste el abuso, el acoso y la violencia con el fin de protegerse ellos mismos y de proteger a los demás. Por último, los jóvenes deben tener la oportunidad de adquirir una mejor comprensión de la diversidad sexual y de género para aprender a aceptarla mejor.
Para avanzar más
• « Lutte contre la violence de genre en milieu scolaire – orientations mondiales » (La lucha contra la violencia de género en las escuelas: tendencias globales) versión en francés, versión en inglés , un informe elaborado por la UNESCO y ONU Mujeres.
• « School-related Gender-based Violence » (Violencia de género en la escuela), documento de investigación preparado para la UNESCO por Fiona Leach, Máiréad Dunne y Francesca Salvi – versión en inglés
• «We Want to Learn about Good Love» (Queremos aprender acerca del buen amor), estudio cualitativo en el que se evalúan los vínculos entre la educación sexual integral y la violencia contra las mujeres y las niñas – versión en inglés