El impacto del estigma en las personas con trastornos de uso de sustancias.

El 26 de junio de 2018, Dianova lanzó una campaña para concientizar sobre las consecuencias físicas y psicológicas del estigma entre personas que sufren trastornos por el uso de sustancias o adicciones conductuales. La campaña #QuitStigmaNow se proponía destacar cómo las personas con trastornos de adicción pueden ser estigmatizadas y discriminadas en entornos determinados, por ejemplo, en los medios de comunicación, los ámbitos de atención sanitaria y en el trabajo. La campaña también introdujo recomendaciones que ayudan a terminar con el estigma sobre la adicción. La campaña se lanzó en 13 países alrededor del mundo y llegó aproximadamente a 3 millones de personas a través de los medios de comunicación y las redes sociales.

La declaración desarrolla el problema de la estigmatización sobre la adicción y la discriminación en ámbitos de atención sanitaria y, sobre qué se puede hacer para prevenirlo. Instamos a todas las organizaciones que trabajen con políticas de drogas, derechos humanos y salud, así como a los estados miembros de las Naciones Unidas a adoptar las medidas necesarias para aplicar #QuitStigmaNow.

Las personas que enfrentan trastornos por el uso de sustancias o adicciones conductuales, especialmente aquellos que usan drogas ilícitas, deben enfrentar un juicio moral muy estigmatizante (1) proveniente de la sociedad. Estas personas experimentan actitudes estigmatizantes o discriminatorias diariamente. Un estudio de la Organización Mundial de la Salud descubrió que la adicción a drogas ilícitas es una de las condiciones más estigmatizantes (2). Las experiencias que resultan de la estigmatización pueden ser extremadamente angustiantes para las personas que usualmente sienten vergüenza, culpa, enojo, rechazo y un sentido de inutilidad que, a su vez, puede desencadenar en un consumo mayor de sustancias y otros comportamientos riesgosos.

Se debería enfatizar, primeramente, que las consecuencias de la estigmatización de la adicción pueden ser devastadoras, y aún más, si el objetivo es una persona vulnerable, especialmente una mujer o una persona con discapacidades mentales o físicas. Las personas con trastornos por el uso de sustancias o adicciones conductuales pueden ser estigmatizadas y discriminadas en una gran variedad de situaciones y lugares. Sin embargo, un alto nivel de ostracismo, estigma y auto-estigmatización (3) que las personas han reportado sentir en los servicios de salud son especialmente molestos, ya que surgen de las mismas personas cuya misión es ayudar.

Algunos ejemplos de estigmatización asociados al tratamiento de adicción o servicios de salud son:

Las personas no buscan tratamiento, en parte, debido a su preocupación de ser etiquetados como “adictos”. Como respuesta, las personas suelen esconder su problema de adicción, y mediante ello, reducen sus posibilidades de recibir el tratamiento que necesitan.

Muchos profesionales de la salud no están capacitados en el tratamiento de las adicciones. Por lo tanto, las personas con trastornos por el uso de sustancias o adicciones conductuales no reciben un tratamiento adecuado. Muchos médicos no reconocen a las adicciones como una condición curable e incentivan a los pacientes a pedir ayuda fuera de la comunidad médica. Los médicos deberían reconocer la conducta adictiva como parte de su ámbito y utilizar perspectivas y prácticas científicamente validadas.

Los profesionales de la salud consideran que su trabajo con las personas con desórdenes en el uso de sustancias tiene un estatus menor en relación con pacientes de otras categorías (4). Finalmente, en las prácticas de salud mental, las personas con problemas de uso indebido de sustancias pueden ser expulsadas del tratamiento cuando se descubre el uso indebido de sustancias.

Los servicios de asistencia médica pueden estar por debajo de los niveles de calidad. Un meta análisis de 28 estudios (5) evaluó las actitudes de los profesionales de la salud en relación a los pacientes con desórdenes en el uso de sustancias. El análisis reveló actitudes negativas generalizadas que contribuyen a una calidad de atención deficiente. Entre otros elementos:

– Los profesionales de la salud tienen en general una actitud negativa frente a los pacientes con desórdenes en el uso de sustancias.
– Estos pacientes son vistos como manipuladores, potencialmente violentos y sin motivación, una distorsión que dificulta la prestación de asistencia médica.
– Los profesionales carecen de educación, entrenamiento o estructuras adecuadas que permitan el trabajo eficiente con dichos pacientes.
– Las actitudes negativas de los profesionales de la salud contribuyen a reducir el empoderamiento de los pacientes, y dificulta la posibilidad de un tratamiento exitoso.
– Los profesionales están menos involucrados en brindar atención médica y están más inclinados a adoptar un enfoque basado en tareas, lo que resulta en menos empatía y compromiso personal por su parte.

Recomendaciones para los proveedores de servicios de salud

El respeto de los derechos humanos es esencial para ayudar a la recuperación de las personas. Estos derechos incluyen, entre otros, el derecho al respeto y la dignidad de cada individuo, la prohibición de tratamientos inhumanos o degradantes y el acceso equitativo a la atención médica de calidad.

Los servicios de recepción y tratamiento para trastornos por uso de sustancias deben ser cordiales y no estigmatizantes. Los valores en la práctica del sector deben incluir la no discriminación, respeto y dignidad, compasión, falta de prejuicio, empoderamiento, prácticas centradas en la persona, prácticas basadas en la fuerza, atención integral, accesibilidad, flexibilidad y capacidad de respuesta. Estas prácticas deben surgir de un conjunto de enfoques basados en la ciencia.

Medicina clínica

Los médicos clínicos muchas veces rehúsan a tratar pacientes con desórdenes en el uso de sustancias; la mayoría considera que son pacientes difíciles o problemáticos (solo el 10% o 20% lo son) y fallan en considerar la adicción como una patología crónica. Esta situación se traduce en una disminución de las oportunidades de tratamiento de la adicción por parte de los médicos clínicos, a pesar de que son una puerta de acceso privilegiada a la atención médica, y en un acceso desigual según la región. En el caso de la adicción a los opioides, por ejemplo, pocos médicos clínicos aceptan prescribir un tratamiento sustitutivo.

Propuestas para mejorar los servicios de tratamiento de adicciones

Implementar una red de servicios pública, gratuita y completa que abarque igualmente los aspectos físicos, psicológicos y sociales del abuso de sustancias y la adicción;
Mejorar y adaptar la capacitación de los médicos clínicos en adicciones y promover la educación continua;
Reforzar el papel de los médicos clínicos como primer recurso para el tratamiento de trastornos adictivos; promover el tratamiento por parte de los médicos clínicos como acceso principal al sistema de atención médica;
Construir un camino de atención de salud coordinado y articulado con los diversos sistemas sociales y de salud;
Desarrollar métodos específicos de atención adaptados a las necesidades de las mujeres;
Reforzar los derechos de los pacientes a recibir tratamiento y atención como lo haría cualquier paciente con una afección diferente.

Servicios en primera línea

Los servicios de salud en primera línea son a menudo el primer punto de contacto para las personas con consumo problemático de alcohol y otras drogas, y la calidad de las interacciones entre el personal y un individuo es fundamental para ayudarlos en su recuperación y para permitir el acceso a una amplia gama de servicios a través de la atención continua. Los servicios de atención de salud adecuados deben basarse en:

Calidad de la prestación del servicio (se incluyen la ausencia de estigma y discriminación);
Calidad del ambiente de servicio;
Calidad del proceso de referencia;
La capacidad de una persona que usa el servicio para informar su experiencia a una agencia dedicada a apoyar la mejora continua del servicio;
Implementación de programas de capacitación para promover una mejor comprensión del estigma y sus consecuencias, cambiar actitudes y comportamientos individuales e influir positivamente en la cultura organizacional.

Servicios Especializados

El tratamiento de la adicción debe estar organizado en una red que incluya servicios ambulatorios, centros de desintoxicación hospitalarios, centros de día, comunidades terapéuticas y otros programas residenciales, programas de patología dual, servicios de vivienda supervisados, programas de reintegración, etc. Todos ellos deben trabajar en estrecha cooperación para satisfacer de mejor manera las necesidades de los beneficiarios y sus familias y, ayudar a reducir el estigma y la discriminación. En concreto, estos servicios deberían:

Proporcionar información, asesoramiento y apoyo adecuados a los interesados, sus familias y otras personas relevantes;
Asegurar que las personas afectadas directa o indirectamente por el uso de sustancias comprendan plenamente la naturaleza, el propósito y el funcionamiento de los recursos locales;
Involucrar adecuadamente a las personas, sus familias y otras personas relevantes en todas las fases del proceso de tratamiento y apoyarlos en el proceso del sistema de tratamiento de la adicción;
Desarrollar o mejorar la capacidad de los pacientes para comprender y manejar los problemas relacionados a su bienestar y salud;
Mejorar la resistencia, la confianza y la autoestima de los pacientes, sus familias y otras personas relevantes;
Apoyar, informar, transmitir esperanza, optimismo y educación en el manejo de los problemas de uso de sustancias y la reducción de daños a los pacientes, a sus familiares y a la comunidad en general;
Trabajar para aumentar la conciencia social sobre los trastornos adictivos a través del diálogo social y la pedagogía para ayudar a romper con ideas tales como la asociación entre la adicción y la violencia, la criminalidad, la falta de moral y la falta de voluntad para recuperarse.
Como conclusión, se debe recalcar que las personas que no experimentan estigma o discriminación en relaciones con la atención médica y los servicios sociales se sienten mejor comprendidas y atendidas, como lo haría cualquier persona “normal”. Esta es la razón por la que fomentar un espíritu de apertura, comprensión y tolerancia contribuye a un cuidado continuo más eficaz.